Escucho la alarma de mi teléfono. Sin aún abrir los ojos, lo sostengo y lo pongo al frente de mi cara. Con los ojos entrecerrados, busco el botón para apagarla. Me levanto de la cama mientras me estiro y tomo una bocanada de aire que llena mis pulmones. Me baño, me visto, como un plato de cereal, tomo las llaves y me dirijo hacia mi auto en rumbo a mi trabajo. Al pasar por las puertas del set de noticias, como un tornado, el director me dice: "Carlos, aquí te entrego el guion de hoy", mientras me entrega una carpeta roja repleta de documentos.
Me siento frente a las cámaras mientras arreglaban los
últimos detalles para comenzar la transmisión. "¡TODOS EN SUS LUGARES,
VAMOS A EMPEZAR!" gritó el director. Inmediatamente, saco mi mejor sonrisa
falsa. "¡Al aire!" Muy buenos días, mi nombre es Carlos Sánchez y
presentaré las noticias más importantes, dije, aún sosteniendo una sonrisa más
falsa que el pelo rubio de mi acompañante. Leí casi todo el documento. Muchas
noticias comunes a las que ya estaba acostumbrado: robos, asesinatos,
accidentes, cosas que ocurren muy seguido en este país, donde la corrupción es
más común que la riqueza.
Y continuando con las noticias después de esta pausa
publicitaria, tenemos un hecho insólito que lamentar. Una pareja falleció el
día de ayer a las afueras de la ciudad al sufrir un choque contra una piedra,
perdiendo el control del vehículo. Según las autoridades, el vehículo circulaba
a 180 kilómetros por hora y al pasar por el retén principal, los pinchos se
desplegaron, lo que provocó que el conductor y su acompañante se estrellaran,
perdiendo la vida instantáneamente.
No sé qué me pasó, pero esta noticia me impactó como si yo
fuera alguna de esas dos personas. Al terminar de leerla, tomé unos segundos de
silencio casi imperceptibles, que al director no le agradó mucho. Al finalizar
la transmisión, salgo del set de grabación con esa noticia dándome vueltas en
la cabeza. Me dirijo a la cafetería y veo a mi buen colega Alex tomando una
taza de café acompañada de un cruasán. "¿Me puedo sentar?" pregunto.
"Claro", responde.
"¿Cómo te ha ido, Alex?" pregunté. "Bien, un
poco cansado, ya sabes, problemas comunes de un cuarentón como yo",
respondió mientras soltaba una risa. "¿Cuánto tiempo llevas aquí?"
pregunté. "Un buen rato, como tres horas. ¿Viste las noticias?"
"Sí, claro, muy profesional como siempre, Carlos. Pero ¿por qué tanto
interrogatorio?" "¿Sabes algo sobre el accidente?" "¿Qué
accidente? Ya me estás asustando. ¿El accidente que ocurrió fuera de la ciudad?"
"¡Aaah, ese! No debería decirte esto, pero sí, lo sé. Yo fui quien recogió
los cuerpos de esas dos personas. Pero eso no es lo más impactante. Resulta que
el conductor era mi mejor amigo. Fue doloroso verlo así, pero tuve que mantener
la profesionalidad en todo momento."
"Vaya, realmente lo siento", expresé, sintiéndome
compasivo por su situación. "Pero… yo pensaba que yo era tu mejor
amigo". Hubo un momento de pausa mientras procesaba lo que acababa de
decir. "Es que sí, tú eres mi mejor amigo y siempre lo seguirás
siendo", respondió Alex. Me sentí un poco confundido, pero solo pude
soltar una tímida risa.
"¿Y sabes algo más?" pregunté. "Sí, hoy a las
6:00 se hará el funeral en el parque cerca del centro comercial. Deberías ir y
acompañarme", dijo Alex. "Déjame pensarlo, no me agradaría ir al
funeral de un desconocido", respondí. De manera rápida, Alex añadió:
"Yo creo que tú conoces muy bien al difunto", mientras se alejaba,
dejándome con más dudas. No intenté detenerlo para que me aclarara las cosas;
algo me decía que no debía preguntar más.
Y aquí estoy, preparándome para ir al funeral de una persona
de la que ni idea tengo quién es. Mientras conduzco hacia el lugar, mi cabeza
me dice que regrese, que es una tontería ir al funeral de alguien desconocido.
¿Con qué cara le daré el pésame a su madre o padre si solo sé lo que le ocurrió
pero no tengo idea de quién era en vida? Sin embargo, mi cuerpo sigue
conduciendo hacia el lugar de forma mecánica, sin darle el control a mi
cerebro.
He llegado al parque un poco después de las 6:00. Está
haciendo frío y el parque oscuro se ve aterrador. Camino hasta que veo en el
centro una carpa gigante de color blanco y me dirijo hacia allí.
Al observar el interior, veo a Alex con la cara llena de
lágrimas y los ojos rojos. Tomo el atrevimiento de entrar, pero parece que
nadie se inmuta por mi presencia. Nadie se voltea a verme, lo que me hace
sentir como un fantasma. "Alex, Alex, Alex", lo llamo susurrando,
pero lo suficientemente fuerte para que me escuche. Pero no obtengo ninguna
reacción, ni de Alex ni de nadie. Supongo que está demasiado triste para
prestarme atención. A lo lejos, observo el ataúd donde muy probablemente está
la persona a la que todos aquí lloran.
Me percato al acercarme de que la tapa que cubre la cara del
difunto está abierta. Y allí estaba yo. Con los ojos cerrados, una expresión
tranquila, como si estuviera durmiendo en mi cama. Mi piel estaba casi rozando
la palidez de una hoja de papel. Seguía siendo yo, pero con la diferencia de
que estaba muerto.
"Carlos, creo que ya es hora de irnos", dice
Susana con suavidad. "Claro, Susana", le respondo mientras me toca el
hombro. Me volteo lentamente, como si el tiempo no importara, y con pasos
tranquilos, agarrado de la mano de Susana, nos dirigimos a la salida de aquella
carpa. Al alejarnos, la oscuridad de la noche nos envuelve, conduciéndonos
hacia un lugar mejor para los dos.