La monedaTiro una moneda esperando que caiga sobre mis miedos, que borre las penas y me ahogue en una felicidad que, aunque sea momentánea y tan falsa como mi sonrisa, me haga olvidar por un momento lo simple y miserable que me siento.

Capto que me recorre la espalda, se escurre hasta mis pies y, aunque me talle con esmero, no me lo puedo arrancar de la piel. Lo licuaría, me lo serviría y de un trago lo haría desaparecer. Claro, si pudiera; pero no, aunque jugoso suena, no es físico como una fruta: lo único tangible es su daño en mí.

Tal vez soy yo, o algo que se parece a mí, que por algo que le hice en un pasado ha decidido que debo morir; no hasta que mi carne se pudra, sino hasta que mi conciencia deje de ser funcional y pueda decir que cumplió la misión.

Quiero pensar que le pagaron para que se cuelgue de mi pecho y su inerte cuerpo se sienta vivo con mis latidos; que mi sangre se ennegrezca mientras consume el aire que me rodea, que se alimente de mis felicidades y disfrute de mi miedo.

Estoy fragmentado en millones de partes. Lo que más odio es que se rompió el saco que me contenía; ahora me arrastro buscando sentirme otra vez completo, pero fui indiscreto: forasteros los se llevaron partes de mí y ahora no soy el mismo, ya no soy igual. Roto, vacío e incompleto.