La ilusión de simón se desvanece tan rápido como un vehículo público lleno de gente pueda desplazarse. Solo le queda resignarse a dejar caer la carpeta con los documentos que, en su ilusión, pensaba que cambiarían su vida.
El papel se deshace Entre las gotas de la lluvia torrencial,
pero no parece importarle. la tristeza que siente en su alma es imborrable.
incluso, cuando el cielo le envía lluvia aún más torrencial para llevarse su
lamento por las sucias cañerías y nunca más ser visto.
El frío congela sus huesos, pero el dolor que siente no es
tan grande como el que sentirá en un par de semanas, cuando aquella arrendadora
sin piedad simplemente tire sus pertenencias a la calle.
Cuando el hambre toque sus puertas en una sucia acera, y
solo pueda aguantar el ardor que lo quema por dentro. Cuando la llama crezca
poco a poco llevándolo a la locura, haciendo cosas impensables para él hace un
par de semanas, pero que ahora son su realidad. Cada día en su nueva vida será
una continuidad. Se alegrará por las monedas que la gente con buen corazón le
dé. Notará que el mundo está dominado por el odio y el prejuicio, y lo vivirá,
porque para la sociedad él, no tiene ningún tipo de valor.
Nadie sabe lo que sufre una persona ni lo que siente, podrás ser empático y ponerte en sus zapatos, pero nada se comparará a vivirlo en carne propia. Vivimos en un mundo donde las lágrimas son ignoradas porque no somos capaces de ver más allá de la lluvia.