Dulce dolor


Arranco las páginas y las incinero dentro de mi cabeza.

Los escombros me tapaban la luz de lo que en realidad importaba.

Cuento los pasos para no volver a caer en tu casilla,

aunque en mi bóveda, sin permiso, aún vivías.

Eres ese trago amargo, tan adictivo para soltarlo,

pero tan espeso y peligroso para poder amarlo.

Las mariposas tenían cuchillas en las alas

y cuando tú las alborotabas, algo dentro se arrancaba.

Soy fuerte si se trata de ti,

pero apagaste la llama.

Y ahora tus llamados son inaudibles,

aunque saber que sigues allí se siente increíble.

Pero es casi imposible volver a trenzar nuestros caminos.

No lo intentes más: te desgastas cuando no quiero compartir mi destino.

Ignorarte es un desafío; atrofio mi paciencia para no seguir contigo.

El sudor derramo mezclado con algo más allá del sufrimiento.

No necesito fuerza ajena, solo unos años bastan para tomar aliento.

Un paso a la vez, aunque tu espíritu me arranque las fuerzas...

¿O seré yo? No lo sé.

Seguiré adelante sin pensar en quién.

Caminos llenos de clavos debo cruzar

si de tu dulzura quiero escapar.

Dulce como la miel, pero dañina y mortal eres.

Ojalá todo lo que sabes de mí lo guardes... y lo incineres.

Dolorosa es tu partida,

pero lo peor es que la inicié yo.

Porque entendibles son tus ganas,

pero vale mucho más mi decisión.

Así que no lo pidas,

no me volveré a arrancar el corazón.