Te dejaré atrás.
No me tomaré el tiempo de frenar las manecillas.
Que continúe
girando el globo, aunque parezcas paralizada en el pasado.
Que cambie yo y
el mundo que nos rodea, mientras te quedas en el mismo estado,
mirando hacia
atrás, porque eso, al parecer, te consuela.
Aunque te empuje
con mis fuerzas a algo mejor, está perdida esta guerra.
“Vivir en
penumbra mientras recuerdas lo bueno del pasado”,
indiscutible, es
tu manera de pensar; siempre ha sido tu dilema.
Me detuve por ti,
esperé que dieras tu primera zancada,
pero luego de
quemar mi reloj noté que tú no lo valorabas.
No tengo un baúl
para rencores, mucho menos para dolores,
pero me cansé de
tu penumbra; buscaré tiempos mejores.
No miraré hacia
atrás, de todas formas tú nunca quisiste avanzar.
Eras un peso que
llevaba con gusto, pero sin él ahora podré volar.
Tu mente y tu
cuerpo han bifurcado, buscando lo bueno del pasado.
Heridas que no
quieres curar, y con alcohol quieres ahogar.
No es suficiente
el distanciamiento de lo sucedido, si la piel te vuelves a arrancar.
Arrancaré lejos,
aunque quería cruzar la meta contigo.
Pero mirándote
atrás, veo que mi pensar no tenía nada de sentido.
Pienso en darte
otra oportunidad, pero no es lo mismo pensar que realizar,
volverte a halar
para que tu vida cobrara algo de su sentido.
Pero ya estoy
lejos. Ahora te toca pensar si morirte o volver a soñar.
Ya por fin estoy
muy cerca, ya puedo sentir el abrazo cálido de la meta.
Cómo me hubiera
gustado cumplir este objetivo acompañado,
pero el dolor
autoinfligido tu carácter se ha engullido.
No sé qué será de
ti; si te levantas, te alentaré, pero si no, te enterraré en el olvido.