Gracias… me hiciste pensar.
Entramos en lo profundo y dejamos lo superficial.
Mi mente lo deseaba, pero no lo podía encontrar.
Una cabeza lustre, abierta a las nuevas ideas.
Cruzamos el mar, el tiempo, hasta empezar a
teorizar.
Me estimula tener que analizar, y no solo
responder.
Cuando mis convicciones se vieron atacadas,
entendí que esto me desafiaba… y me gustaba.
No había validación, solo el campo encendido en
guerra,
donde las balas eran argumentos afilados como
cuchillos,
y donde la verdad predominaba, no la adulación.
Gente verdadera, aunque seamos oposición.
Llegamos a acuerdos, y la moral prevalece en los
dos.
Un debate clandestino, con un destino por marcar.
Tus palabras y las mías, juntas, tenían la verdad.
Aunque tu manera de pensar no me termine de
agradar,
fue una batalla justa, donde las verdades
escocían.
Dos lenguas buscando el punto medio, sin miedo a
degollar.
Una mesa llena de verdades, y evidencias que nos
respaldaban,
aunque los hechos se iban a la basura en nuestras
teorías,
y la conspiración, descaradamente, los respaldaba.
Gracias. Pensamos igual, pero de manera distinta.
Y esto fue una experiencia distinta, regocijante.
Eres escaso, como tu manera de razonar,
en un mundo tan simple y poco original.
Donde la papilla prevalece; ya no quieren
masticar.
Agradezco salir de los moldes y no encajar,
para hablar con gente que sí vale la pena, la
verdad.
Gracias, amigo, te volviste a superar.
Y ojalá, muy pronto, volvamos nuestras fortalezas
a enfrentar.
