Todos buscamos algo: la buena vida. Pero aquí viene la gran pregunta: ¿qué demonios es una buena vida? ¿Vivir rodeado de lujos, con comida gourmet, ropa de marca y montañas de dinero? ¿O tal vez eso no es suficiente?
Lo que dice Savater
Eso es exactamente lo que Fernando Savater explora en su obra Ética para Amador.
Él nos recuerda que, por muy cómodas o lujosas que sean nuestras condiciones, si no tenemos compañía, esa vida pierde sentido. Nuestro motor como humanos es la conexión con otros seres humanos. Incluso nuestra búsqueda de riquezas, de alguna forma, está relacionada con eso: queremos ser visibles, gustar, compartir, pertenecer.
Savater comenta que el deseo de una “buena vida” es completamente natural, pero nos advierte que no basta con tener cosas:
- Una vida llena de lujos pero sin relaciones humanas no es ni buena ni humana.
- La mayoría de lo que consideramos valioso (dinero, moda, tecnología) tiene sentido porque nos ayuda a conectarnos con otros: deslumbrar, compartir, sentirnos parte de algo.
- En completa soledad, incluso lo más deseado pierde su gracia.
La ciencia lo confirma
Y, por si alguien pensaba que esto era pura filosofía de sillón, la ciencia lo confirma.
El Estudio de Harvard sobre la Felicidad (Harvard Study of Adult Development) —uno de los estudios más largos sobre el bienestar humano, que comenzó en 1938 y todavía sigue activo— descubrió algo muy simple pero poderoso:
Las personas con mejores relaciones viven más, se enferman menos y son más felices.
El dinero y la fama, por sí solos, no logran eso. Lo que realmente predice nuestro bienestar es la calidad de nuestras relaciones humanas.
El problema actual
Paradójicamente, vivimos en un mundo donde parece que estamos más conectados que nunca, pero en realidad la cercanía humana se está perdiendo. Un mundo obsesionado con la productividad y la exigencia que muchas veces nos vende la felicidad a cambio de trabajo y estrés.
¿Resultado? Un desequilibrio brutal: índices de felicidad en descenso y ansiedad y depresión disparadas.
La tecnología nos ha unido, sí, pero también nos ha separado.
La verdadera buena vida no está en tener más, sino en tener con quién compartirla.